Excursión por Yakima Valley
A poco más de dos horas de Seattle se encuentra la ciudad de Yakima. Para llegar allí, debemos coger la I-90 en dirección Este y, a la altura de Ellensburg, desviarnos por la I-82.
La ciudad toma el nombre de la próspera tribu de los Yakama, los cuales habitaban la zona antes de la llegada del hombre blanco y sus ruidos y sus humos. En sí la ciudad no tiene nada del otro mundo, o al menos a mí me lo parece, si exceptuamos un minúsculo centro histórico formado por cuatro casas de época de los pioneros hoy convertidos en restaurantes. Lo mejor de Yakima es que es el centro de una vasta extensión de viñedos y frutales regados por los ríos Yakima, Columbia y Snake. Fértil valle donde los haya en medio de un secarral como es esta zona del Este de Washington. Los locales promocionan la zona con el nombre de Wine Country, aunque también encuentras ese país en California.
Dentro del Yakima Valley tenemos el área de Rattlesnake Hills, una extensión paralela al río, con orientación sur y llena de bodegas (wineries). Para promocionar el turismo, tienen un acuerdo entre ellas por el cual un cliente puede comprar un passport por $5 con unas casillas en blanco. Cada bodega que visitas te sella un cuadrito y cuando tienes diez sellos recibes un regalo, aparte de descuentos y otras promociones. El problema es que en cada bodega que visitas te ofrecen catar los vinos, casi todos gratuitamente, y al final del día ya no sabes cuántas bodegas has visitado si no es gracias a los sellos que llevas. Las bodegas ofrecen catas normalmente todos los días, de 11 a 5. En este mapa interactivo puedes ver las distintas áreas vinícolas de Washington y planificar tu ruta.
Cerca de esta zona, a unas 15 millas al sur, se encuentra un bonito pueblo llamado Toppenish. Era una ruina hasta hace poco, que un grupo de inversores lo restauró respetando el espíritu original de los primeros pioneros. Hoy día alberga una importante población hispana, como el resto del valle, quienes viven del turismo que visita sus preciosos murales y sobre todo de la producción del lúpulo. Aquí se produce, desde hace más de un siglo, el 75% del lúpulo utilizado por la industria cervecera norteamericana.
Continuando por la autopista 12 pasamos por tres pueblos que están unidos y que se les conoce como las Tri-cities (Richland, Pasco y Kennewick) sin mayor interés que ser la cuarta concentración metropolitana del estado. De camino a Walla-Walla bordeamos el río Columbia que a esta altura recibe mansamente el serpenteante caudal del Snake River para juntos atravesar un pequeño pero precioso cañón que les abre ya las puertas a Oregón. Toda esta zona está aún impregnada de las andanzas que un día llevaron a cabo Lewis & Clark en su épica travesía por estas tierras conocidas hace 200 años aún como Indian Country. Lástima que este idílico paraje esté continuamente apestado por los efluvios de una central papelera.
Llegamos a Walla-Walla. Simpático nombre que también procede, como cientos de pueblos de esta zona, del que tenían las tribus indias que habitaban estos parajes. También con una joven, pero importante industria vinícola al amparo de la fama de sus vecinos, Walla-Walla tiene muchos otros encantos. Por ejemplo, cuenta con uno de los más importantes conjuntos arquitectónicos de época mejor conservados de Estados Unidos, con lujosas (y no tan lujosas) residencias de principios del XX que se conservan perfectamente. En el 2006 fue considerado por la revista Money (leer noticia) como el mejor destino de Estados Unidos para retirarse, por la calidad de vida, el clima, sus parques, oferta de salud y tranquilidad. También es muy conocida la ciudad por ser escenario de los famosos concursos de globos aerostáticos (Balloon Stampede – ver video), cuyas fotografías estamos hartos de ver en anuncios.
Un lugar donde combinar el espíritu de los primeros pioneros con el asunto de las guerras con los nativos y el afán por conquistar el territorio por el hombre blanco, es la Whitman Mission. La historia se resume así: tras las descripciones de Lewis & Clark, el gobierno americano decide enviar una misión religiosa que establezca vínculos de buen ánimo con los indígenas y así ir poco a poco instalándose en la zona, como se dice ahora, de buen rollo. Así, encargaron al joven matrimonio Whitman que establecieran una misión en la zona y así lo hicieron, a unos kilómetros al oeste de la actual Walla-Walla. Allí se encargaron de evangelizar a los indios, enseñarles a leer y escribir (ellos así lo querían) y otros oficios, aunque dado su carácter nómada, lo de trabajar en el campo a la solana como que no se les daba muy bien así que lo descartaron. Desgraciadamente, vinieron más colonos quienes se empezaron a apropiar de las tierras, las enfermedades mermaron la población indígena y todo esto originó un malestar que llevó al asesinato de la familia Whitman y otros colonos más. El gobierno americano aprovechó la oportunidad para venir a impartir justicia y de paso quedarse con todo. Hoy día se pueden apreciar los escasos restos del emplazamiento de la misión al cuidado del National Park Service.
La vuelta a Seattle se puede hacer desandando el camino realizado o haciendo un pequeño rodeo yendo hacia el norte (este último camino no tiene interés) parando en la bonita ciudad de Ellensburg de la que hablaremos en otra ocasión en uno de los escasos Starbucks de toda la zona.
Ver el álbum de fotos aquí.








Desde luego Mariano el culo no se te pone caliente! como decimos por aquí, no se si hay muchos españoles que lean todos los días tu página, a mi me estás haciendo que todos los días mire a ver que hay de nuevo viejo…jejeje.Espero pronto un correo vuestro para que me conteis algo.Besos españoles, de los de sonido en mejilla!!!requetemuac!