Con la idea de no seguir apestando a tabaco, según comenté en el último artículo de Mi Ciénaga, me acerqué al duty-free del aeropuerto a comprar colonia. No tengo ninguna en especial, aunque me gustan las frescas. Las colonias frescas, se entiende.
Así que compré un bote de “Agua fresca”, de Adolfo Domínguez que tan buenos resultados me diera en pasadas adquisiciones. Dicho sea de paso que, como el bote alberga la cantidad nada desdeñable de 4 onzas, osea unos 120 ml, casi no me la dejan pasar los de la TSA en el control del aeropuerto, ya que el máximo permitido de líquido en un sólo bote es de 3,5 onzas.
Lo anecdótico del caso, y motivo de este post, es que al llegar a casa veo que en el exterior de la caja, made in Spain, hay un texto que dice:
Cada brillante aguja de pino,
cada grano de arena de las playas,
cada gota de rocío de los sombríos bosques,
el zumbido de cada insecto,
son sagrados para mi pueblo.
Jefe Seattle
Lago Washington, Junio 1854
Y digo yo, otra prueba del ecologismo mercantilista. Lo que hay que hacer para vender colonia…

Cada brillante aguja de pino,