Cuando en Seattle reinaba el vicio
Corría el mes de agosto de 1896 cuando un grupo de exploradores reclamó el descubrimiento de oro en la cuenca del río Yukón, en Alaska. En unos meses la noticia corrió por todos los Estados Unidos y comenzó una nueva fiebre del oro, conocida como la Klondike Gold Rush. Fue de dimensiones especialmente grandes habida cuenta de la crisis que por entonces ya azotaba el planeta por aquellos años (se ve que esto es cíclico).
El 15 de julio de 1897 llegan a la joven ciudad de Seattle los primeros exploradores procedentes de California, con el objeto de iniciar aquí el viaje hacia las tierras del norte. Siguieron su estela trabajadores procedentes de todo el mundo, desde Nueva York a Sudáfrica, desde el Reino Unido a Australia.
Apenas hacía 40 años que Seattle se había fundado como ciudad y aún era un lugar habitado fundamentalmente por pioneros, leñadores y cazadores de pieles. No había mucho tiempo libre, la verdad, y eso que la tasa de hombres/mujeres era excepcionalmente desproporcionada por entonces, pero la subsistencia era la prioridad. Sin embargo, la necesidad de albergar a esa enorme y creciente cantidad de trabajadores que iban llegando a la ciudad fue la excusa para que en apenas unos meses esa tranquila población del noroeste rodeada de bosques y castores se viera transformada en una agitada ciudad portuaria.
Seattle creció rápidamente gracias al negocio del outfit, es decir, la venta de material para explorar, herramientas de minería, transporte, etc. Compartiendo calle con otros negocios tradicionales se construyeron hoteles y tabernas, pero también surgieron salas de juego, salones de baile, lupanares o casas de mancebía (para los de la Logse, casas de putas o putiferios), y clubes de alterne (especie de bares con áreas reservadas donde discretamente te podías citar con las camareras).
Lo que pronto se conoció como el distrito rojo de Seattle se situó en la manzana encerrada por la 5th y la 6th Avenues con King St y Weller St. Esta zona, hoy parte del International District o barrio chino, se llenó de ladrones, buscavidas, rateros, prostitutas, traficantes y forajidos que andurreaban día y noche por las callejuelas. El barro era la compañía perenne debido a que el barrio estaba construido sobre una zona marismeña. Algunos negocios no tenían ventilación, otros se montaban rápidamente con un par de cajas en las mismas callejuelas y eran auténticos caza-incautos. Como algunas áreas estaban aún sin desecar, uno de los modos de robar a los visitantes era empujándoles directamente hacia la marisma, siendo desplumados rápidamente por los rateros.
Pero no todo eran sucios negocios, peleas de salón y duelos en la calle. Otros negocios más finos y elegantes se instalaron igualmente. Por ejemplo, la casa de putas de Madam Lou. La más conocida de Seattle y que daba cobijo a la mejor oferta de lo que hoy podríamos llamar señoritas de alto standing. El negocio de Madam Lou, llamado Tenderloin (“Solomillo”) asistió al cambio de siglo en la tercera planta del 221 de South Washington Street esquina con la 3rd Avenue, edificio que aún se conserva. El edificio ahora alberga, en un curioso juego del destino, unas oficinas del juzgado del Estado de Washington (foto de la izquierda, cortesía de King County Department of Assessments photo). Esto es, creedme, objeto de continuos e irreproducibles chascarrillos locales acerca del oficio de algunas empleadas, o el de algunas madres o similares…
Con el crecimiento de la ciudad, las zonas pantanosas fueron desecadas para construir nuevos edificios de ladrillo en una de las pocas zonas planas de la ciudad. Debido a la demanda, subieron los alquileres, los negocios legítimos se fueron instalando poco a poco en el área. En 1903 Madame Lou fue presionada por la policía para dejar el local, marchándose a San Francisco donde murió de sífilis un mes más tarde. Sin embargo, aunque la prostitución siguió funcionando en la ciudad, las luces rojas del Tenderloin se apagaron para siempre para dar paso paulatinamente al fin de la época dorada del vicio en Seattle.
(Foto: Cortesía de Tour Underworld, Seattle)










Recuerdo que esta casa me llamó la atención por que es una de las más antiguas y bonitas del centro de la ciudad ,lo que nunca hubiera pensado es que hubiera estado por allí Madame Lou.!Qué tiempos aquellos!