Escapada a Pekín – Beijing (parte I de II)
Hace unos días que volví de acompañar a mi mujer a un viaje de trabajo a Pekín. Ya había estado en Asia, pero era mi primera vez en la capital del norte, como ellos mismos denominan a esta maravilla del lejano oriente. Han sido sólo cuatro días completos, de los que dos los he recorrido por mi cuenta y créeme si te digo que terminé tan destrozado como contento. Si quieres acompañarme, eres bienvenido a mi escapada a Pekín (o Beijing, que es lo mismo).
Día 0: salgo ayer por la mañana de Seattle para llegar mañana por la tarde a Pekín (¿Cómo?)
Maravillas de cruzar la franja internacional horaria. Pierdo casi dos días en llegar. Tengo el hotel a un tiro de piedra de la Ciudad Prohibida, en la Chang´an Avenue y aprovecho para darme un paseo antes de cenar, por la ambientadísima calle Wangfujing, llena de terracitas y tiendas occidentales. Ahí cerca se encuentran los puestos donde venden los pinchos morunos versión china, con orugas, escorpiones y demás delicatessen especialmente cocinados para usted, hombre blanco. Sólo los vi en esa zona turística, lo que me hace pensar que los chinos ya han evolucionado y prefieren las hamburguesas o sus fritos de toda la vida acompañados de fideos.
Me voy al histórico Beijing Hotel, a descansar, que mañana mi mujer curra y un servidor se va de turismo. El mundo al revés, lo sé, cosas de la igualdad. Compruebo que Youtube y Facebook están capados así que miro el foro de la ciénaga y veo que todo está en orden. A dormir, mañana será un día largo.
Día 1: Ciudad Prohibida y callejeo por el norte
A las 8 y media de la mañana ya hace calor y en los 500 metros que me separan de la entrada de la Ciudad Prohibida ya he pasado: una boca de Metro, varios vendedores de rajas de melón a gallifante* la pieza (1 gallifante = 1 Yuan; 7 Yuanes = 1 US Dólar), un grupo de soldados imberbes, dos amigables y preciosas estudiantes con ganas de llevarme a conocer su exposición de acuarelas y a varios guías certificados que se ofrecen a mostrarme los secretos de lo que fue el Palacio Imperial durante las dinastías Ming y Qing (para más detalles técnicos del Palacio, leer aquí mismo).
Si no quieres aburrirte en una de las mayores atracciones turísticas del mundo, lee algo sobre ella antes de ir. Lee sobre la historia de sus ocupantes y las conspiraciones de las concubinas del emperador. Lee sobre el carácter divino de la realeza, el poder de los cientos de ministros y secretarios imperiales, la influencia de las doctrinas del Feng Shui y el poder de las minorías. De este modo, no verás a los miles de turistas que te rodean, sino cientos de soldados imperiales que te escoltarán hasta el trono del emperador, cruzarás puentes de mármol y te perderás por los rincones del palacio escuchando a las concubinas recitar poemas sobre la naturaleza y sobre el amor.
Tres horas después de escuchar los poemas de las concubinas salgo por la puerta norte y me encamino andando hacia el distrito de Dongcheng, donde me espera un paseo por los hutongs de esa zona. Llego a la Drum Tower (¿Torre del Tambor?) y sigo hasta el Bell Tower (¿Torre de la Campana?), para adentrarme de lleno en los callejones del barrio. Lo que uno espera ver en los hutongs son las callejuelas típicas de los barrios chinos: estrechas, llenas de gente, comerciantes con sus puestos en la calle, los vendedores de comida rápida y el repartidor con su carga colgando de un palo sobre los hombros. Nada de eso. Lo mismo que hoy día no te encuentras al gitano flamenco con su borriquita y tocando la guitarra en la calle Sierpes. Hay hutongs para turistas (que veremos en el último día) y los hutongs donde vive (malvive) la gente. A pesar de existir tours en rickshaws por estas calles, la verdad es que no valen la pena ya que te los puedes recorrer tú mismo y con un poco de suerte darle personalmente las gracias al sistema político que eliminó la clase burguesa en favor del proletariado y la madre que los parió a todos ellos por tener a la gente en estas condiciones mientras se gastan millones en demostrar al mundo lo preparados que están para acometer el tercer milenio…
Una vez reflexionado sobre el asunto y tras un buen paseo cotilla me decido a visitar el Templo del Lama. Para ello atravieso Guozijian, una de las calles que se conservan igual que en los tiempos de los Ming y donde encuentro la Academia Imperial y el Templo de Confucio. El Templo del Lama, para los que ya hemos visto unos cuantos templos no dice mucho, la verdad, si no es por su enorme Buda de 26 metros de alto hecho de una sola pieza de sándalo inscrito en el Guiness y algunos detalles artísticos de interés para gente más experta que yo. Tras comer en un chino (qué chiste más fácil), pagar precios chinos y por tanto obtener servicios de China, me intento recuperar caminando, esta vez hacia el sur. Pasado un rato, la botella de dos tercios de cerveza Tsing Tao que me ayudó a tragarme el cerdo con verduras, pedía la vez. Entro pues en uno de los numerosísimos baños públicos que inundan Pekín y tras abrir la puerta y saludar con la cabeza a un nativo que daba la vez a su propio cerdo con verduras, procedo con mi negocio de la Tsing Tao. Menos mal que para ese viaje no necesitaba papel, pues nunca lo encontrarás en los baños públicos. Esto es tener una experiencia en Pekín y no ir a las Olimpiadas.
Llego a uno de los hutongs para turistas y la diferencia es como salir de una barriada de El Ejido para entrar en Triana en plena Feria de Abril: ambientecillo, sonrisas y cámaras ejerciendo de testigos de la realidad para mayor gloria de Flickr. Paseíllo por Ingot Bridge y la calle Qianhai para bordear el lago del mismo nombre que en invierno queda a merced de los patinadores sobre hielo, según me contó un vendedor de postales tras un rato gesticulando. Me ofrecen un paseo en tuc-tuc por 30 gallifantes que estúpidamente rechazo para mucho más tarde gastarme el doble en un masaje integral en el salón que la cadena Liangzi tiene en los apartamentos Lee Garden y que al menos no te acosan para un happy ending. Ya sabes que me encantan los masajitos y este cuerpo serrano requiere cuidados especiales para tamañas aventuras.
Ya es tarde, he aprendido a dar las gracias en chino y a saludar cuando me acerco a un puesto a comprar algo. Decido aprender chino en este milenio. Mi ropa huele a frito, a especias y a sudor. Estoy para que me cojan con pinzas y me voy a la ducha con la cabeza llena de imágenes, fuertes olores y ruidos urbanos. Creo que me encanta esta escapada y eso que no hay quien entienda a estos chinos, ni su modo de circular, ni de dirigirse a ti que parece que te están gritando; me encanta porque te miran como un bicho raro cuando te pierdes por las calles no turísticas y como un saco de dólares cuando regresas a la realidad preparada en exclusiva para usted.
Día 2: Palacio de Verano, Templo del Cielo y transportes públicos
El Metro de Pekín es estupendo y muy moderno, sobre todo las últimas líneas inauguradas con motivo de las Olimpiadas del 2008. Aún así es muy insuficiente para esta ciudad que vive en permanente atasco. Además, fuera del centro todas las indicaciones están en chino, cosa normal si tenemos en cuenta que estamos en China… Así que nos aventuramos en este medio hacia nuestro destino, el Palacio de Verano, con la mala fortuna de guiarnos por un plano de metro caducado. Ello me obligó a tomar el metro primero y un tren de cercanías después, lo que melló considerablemente el estado de mi garganta a tenor de las gélidas temperaturas que hay en los vagones durante el verano. Desde la estación de cercanías, un taxi me acercó al Palacio de Verano por su puerta norte, una de las menos populares y luego entendí por qué.
El precio de la entrada al Palacio de Verano no es caro, algo más de dos dólares, pero si quieres visitar todos los extras, ya sube algo más. Quizás por eso, este enorme recinto estaba lleno de gente local simplemente dándose un paseo con la familia o disfrutando del fresco. Nada más pasar la puerta de entrada te encuentras con la calle Suzhou, un grupo de tiendas enclavadas alrededor de la ribera de un río y al que sólo se puede acceder pagando, claro. A estas tiendas sólo tenía acceso el emperador y el personal de palacio y hoy día sólo se puede comprar utilizando las monedas de época que se pueden obtener a su vez cambiando tus preciados dólares por ellas.
Teniendo en cuenta que Pekín está emplazada sobre una enorme llanura, choca ver este palacio en una montaña hasta que alguien te cuenta que la montaña (la Montaña de la Longevidad) es el resultado del vaciado y posterior construcción artificial del lago que se contempla desde ella. Tiene sentido: según la teoría del Feng Shui, la situación óptima de tu casa debe ser mirando al sur, con vistas al agua y resguardada por su lado norte por una montaña. Más o menos el mismo esquema seguido en la construcción de la Ciudad Prohibida y en los templos budistas.
Por supuesto me subí la montaña hasta su cima para contemplar la vista sobre la ciudad desde la Torre del Buda Fragante. Desde allí pude contemplar el enorme lago Kunming y las docenas de pequeñas embarcaciones que paseaban por allí. Un pequeño transbordador con sillas de formica te lleva a la isla Nanhu por sólo 8 gallifantes (12 si coges el transbordador que tiene la cabeza de dragón en la proa y música ambiental). Esta isla está unida a tierra por uno de mis puentes favoritos: el puente Shiqikong de 17 arcos. Un paseo de algo más de una hora me permitió perderme por lugares tan evocadores como el Jardín de la Virtud y la Armonía o el Salón de la Benevolencia y la Longevidad.
Abandoné el palacio por su puerta este, que estaba hasta la bandera de gente. Temí no encontrar un taxi que me llevara a la lejana estación de tren que dejé unas horas antes. Afortunadamente un conductor de rickshaw me ofreció llevarme hasta el metro por sólo 5 dólares. Vi el cielo abierto y acepté sin regatear. Diez minutos de pedaleo más tarde estaba frente a una nueva y flamante estación de metro que no constaba en mi plano. El tipo hizo un buen negocio conmigo, pero me estuve riendo varios días por mi estupidez. Ahora entendía por qué no había nadie en la entrada norte y esta estaba hasta la bandera.
Otra media hora de gélida tortura me acercó a la estación de Qianmen, la cual me juraron y perjuraron que era la más cercana al Templo del Cielo. Un tuc-tuc, versión motorizada del rickshaw y que era gobernado por 500 kilos de mujer, me llevó hasta la misma puerta norte del recinto. Tras despedirme de 35 gallifantes más por entrar, me dispuse a visitar otro Patrimonio de la Humanidad. Creo que no había visitado nunca tantos en tan poco tiempo.
Miles de páginas hay escritas sobre este recinto (leer en Wikipedia), cientos de horas de documentales y millones de visitantes han pasado por él. Me ahorraré las explicaciones. Yo no puedo más que ver un guiño por parte de los emperadores a las tribus minoritarias para ganarse su favor y hacer suyas las ancestrales tradiciones de realizar ofrendas a los dioses. Básicamente en este emplazamiento el emperador iba una vez al año rodeado de cientos de ministros y representantes de todo el imperio para rogar a los dioses por las buenas cosechas y demás saraos festivaleros que tanto nos gusta al vulgo. Es como el fútbol o el festival de eurovisión, pero sin que aún existiera el iPhone. Imagina al tipo realizando la procesión desde el Palacio Imperial sito en la Ciudad Prohibida todo hacia el sur hasta este lugar. Una enorme pantalla de video en la entrada te recrea el ambiente y te imaginas el colorido, la solemnidad y el despliegue.
Tras un agradable paseo por sus arbolados jardines acometo la retirada por el lado Oeste pensando ya en un foot massage. Decido coger un autobús, que es lo único que me falta hoy, y una simpática estudiante de origen mongol me recomienda esperar al 2 que me llevará, por sólo 1 gallifante, hasta algún punto de la plaza de Tianammen, apenas a unos metros de mi hotel donde me espera una ducha y ropa limpia para acercarme en condiciones a la librería Xinhua, donde me haré más tarde con algunos libros para aprender chino.
Día 3: Excursión a la Gran Muralla, las tumbas Ming y atasco urbano con final en Silk Market
Al tercer día ya tocaba salir de la ciudad. Era sábado y mi mujer y un compañero de trabajo se apuntaron a la excursión, o mejor dicho, yo me apunté a la de ellos. La secre de su oficina en Beijing se encargó de contratarnos un taxi para todo el día y el paquete incluía un taxista que no hablaba ni papa de inglés y una sobrina lejana de éste que hablaba algo de inglés pero que llevaba en Beijing sólo 3 días. Menudo escenario.
Tras casi dos horas de coche hacia el norte de la ciudad, sus correspondientes atascos de salida y perdernos por algunos pueblos, muy pueblos, llegamos al acceso “menos turístico” de la Gran Muralla, según nos prometieron. ¡Pues cómo serían los “más turísticos” como Badaling o Juyongguan!
Subir a la muralla es gratis, lo que vale pasta es el teleférico que evita que te lleven a urgencias tras el esfuerzo. Nuestro cacho de muralla era el conocido como Multianyu y como más tarde pudimos comprobar lo inteligente es comprar billete de teleférico para subir y una vez arriba, billete de telesilla para bajar. De ese modo puedes pasear por un buen tramo de la muralla tranquilamente sin tener que volver por las mismas cuestas. ¡Porque mira que tiene cuestas la jodía muralla!
Sólo decir que la muralla en sí no me volvió loco si exceptuamos el hecho de que ya tengo una marca más hecha en mi lista de lugares pendiente de visitar. Si tuviera que sacrificar mis paseos por Beijing para visitar la muralla, probablemente no lo haría aunque comprendo que si vas a ir una vez en la vida no querrás soportar a la vuelta aquello de “¿Y no fuiste a la Gran Muralla? ¿Entonces qué has visto?”. Y explícalo si puedes…
(… continuará mañana)
* El término gallifante lo comenzamos a usar mi mujer y yo en un viaje donde nos liábamos con el nombre de la moneda local. Así que terminamos por llamarla gallifante y listo. En China se usa el Yuan, pero a veces se encuentran los precios con el símbolo RMB en vez del tradicional ¥.









Muy chulo el viaje Mariano, que suerte. A ver cuando puedo yo volver a Asia. Desde que vivo en EEUU no salgo de aqui y España. Y no es por falta de ganas
Asia me tiene enamorado, marco. La suerte es que desde esta costa es relativamente sencillo. United vuela muchísimo por allí.
A mi tambien Mariano. Pero desde que vivimos aqui: pocas vacaciones. Paciencia toca..
¡Por fin, por fin!
Estoy deseando leer la segunda parte :lol:
Lo malo de la vida del expatriado es que la familia suele esperar que todo nuestro tiempo libre lo pasemos en España, o uno mismo debe desplazar las ganas de hacer viajes para volver al terruño.
Un apunte: El símbolo del yuan es 元 (¥ es el del yen).
Mi padre se enfadó una vez porque le dije que prefería ese año irme de vacaciones a Thailandia antes que a Almería, no lo comprendía, con las buenas playas que allí tenemos! LOL. No le gustó mucho aquello, no… :-DDD
Sobre el yuan, que yo me lío y no es que dude de tu conocimiento que sé que le da cien patadas a muchos. En la wikipedia dice que el símbolo del yuan es el mismo que el del yen, es decir: ¥. Y la misma cantinela se oye en toda la web (cosas del copiar y pegar de la wikipedia sin criterio). Ahora bien, el símbolo que comentas, 元 , también lo he visto representado. Así que me he puesto a buscar info y lo más clarificador que he encontrado es esto:
.
Tú que controlas chino, ¿es posible que varíe el carácter si anda delante o detrás de la cifra?
Mariano, tienes toda la razón, ahora pillo la diferencia:
-¥ es el símbolo “romanizado” que se usa para identificar el yuan y el yen, tanto internacionalmente como en muchas etiquetas de precios (si no recuerdo mal, lo ponen delante). A veces en la RPC lo imprimen con una línea en lugar de las dos paralelas.
-El otro (no puedo ponerlo con el móvil) es el caracter chino que suele usarse en letreros, se pone después y además también lo escriben así en China para otras monedas.
Así que ¥ es lo que corresponde, y yo he aprendido gracias a no mirar la wikipedia. ¡Pero qué lío!
Me voy a leer la segunda entrega, tengo ganas de llegar al episodio del retrete.
Creo que la envidia ya no es deporte exclusivo de España… pedazo de viaje turistico!
Por cierto, esto???
http://bit.ly/a9dPSG
LOL fíjate que cartera debes llevas para pagar con gallifantes :-D
Y mira que casualidad de esta actualidad que acaba de saltar en el foro MSNBC:
http://bit.ly/b8grc6
Según el texto, no leo que España aportara contribuciones a la mencionada asistencia económica de China- así que obviamente sí era tu obligación diplomática el rendir tantos gallifantes a estos mozos!!! : )
En nota seria, estaba curioso cuando leía tu redacción sobre esa presencia capitalista que percibiste en Beijing. Al contraste de lo que he oído y que se estima sobre el clima social/económico del país en general (y con tus comentarios en ‘Part II’ sobre lo político), concuerda tu experiencia vista con lo relatado en el enlace?
En menos de una semana que he estado allí no estoy preparado para hacer un profundo análisis, como es lógico. Lo que sí he visto son unas astronómicas diferencias sociales entre el lujo desmedido y la extrema pobreza que se vive en los suburbios (en el sentido peyorativo que utilizamos en español, no los “suburbs” en inglés).
Esas diferencias no son tan descaradamente expuestas al público, como los desfiles de limusinas y prostitutas de lujo que he visto en San Petersburgo o Riga, antiguos enclaves comunistas.
Entiendo que si China es beneficiaria de ayudas es porque, según los ratios empleados por las organizaciones mundiales, lo que a cada ciudadano chino le toca de la riqueza del país es tan poco, y tan mal repartida, que aún así es merecedor sobre el papel de ayuda internacional. Otra cosa son las corruptelas del gobierno chino o los miedos de occidente a que el gigante asiático se despierte y nos mande a todos al carajo :-D
No se si te lo han dicho pero hay un punto en el que se te olvido tu moneda imaginaria;
Afortunadamente un conductor de rickshaw me ofreció llevarme hasta el metro por sólo 5 dólares.
Jajaja!