Grandes procesos de la Inquisición
por César Vidal
Corría el año mil novecientos ochenta y dos cuando mi profesor de geografía sugirió a la clase de bachillerato realizar un trabajo multimedia (por entonces eso quería decir algo grabado en una cinta o con diapositivas). El trabajo consistía en una retrospectiva sobre los años del franquismo (por entonces aún no se hablaba tan alegremente de dictadura, al menos en un colegio de curas).
Mi amigo Fernando y yo decidimos recopilar información sobre la vida de tan ilustre mandatario. Buscamos un enfoque adecuado y lo presentamos a la clase. La grabación incluía pasajes sonoros originales de discursos, extractos del NO-DO, musiquilla militar y demás fanfarria. En resumen, Franco liberó a España de la barbarie comunista y la elevó a los más altos niveles de desarrollo. Su muerte significó una gran pérdida para el país y abrió una brecha en el sistema de valores que convenía vigilar así como el lento pero inexorable desmoronamiento de los tres pilares fundamentales de la patria: la Iglesia, la familia y el ejército.
Fue muy divertido ver en aquellos quinceañeros las caras tanto de asentimiento como de sorpresa de otros, incluyendo la del profesor el cual ya era conocido por sus ideas un tanto… rojas. La traca final llegó con mensaje: entre los acordes de En tierra extraña, Fernando y yo íbamos nombrando la bibliografía utilizada para la elaboración del informe. Fiables fuentes sirvieron de apoyo, como la revista Actualidad Española (la cual editó un memorable ejemplar a la muerte del Caudillo, con disco sonoro flexible), la revista Hola con otro especial a todo color, El Alcázar, Pueblo y otros medios tremendamente afines al franquismo, reserva espiritual e ideológica de la poderosa ultraderecha española, que proporcionaron el argumento y los detalles. Acabada la bibliografía y sonando de fondo Doña Concha Piquer entra tímidamente en mezcla sonora Jarcha y su “Libertad sin ira”…
Cuando la cinta acabó, el sector derecho de la clase irrumpió en aplausos, vitoreando un Franco, Franco, Franco, tanto que el profesor se nos quedó mirando, pensando y finalmente proclamó: “no habéis entendido nada: todo el trabajo ha sido una crítica a la censura, la manipulación informativa y la falta de libertad en el franquismo; la creatividad que han mostrado en este trabajo Fernando y Mariano resume el modo en el que se ha luchado por la libertad en esos años, con imaginación y astucia”.
No parece que lo de entender haya evolucionado mucho, sólo hay que ver las estériles e inacabables discusiones que aún suscita el franquismo, la iglesia o el aborto por ejemplo, donde la población sigue mediatizada y sólo unos pocos muestran una mínima capacidad para exponer un criterio que no sea ajeno.
¿A qué viene todo esto? Esta reflexión me vino a colación del último libro que acabo de terminar: “Grandes procesos de la Inquisición”, de César Vidal.
Grandes procesos de la Inquisición, el libro
Entramos ya en el tema de este artículo, el repaso de este libro. César Vidal nos lleva hoy a través de una compilación de relatos a diferentes lugares de Europa y a diferentes épocas de la Historia. Todos los relatos tienen un hilo conductor: la intolerancia de la Iglesia Católica con la aquiescencia, cuando no con la complicidad, de los poderes políticos en la Europa moderna.
Así, conocemos el caso de Cayetano Ripoll, el maestro valenciano que ostenta el dudoso honor de ser el último ajusticiado por la Inquisición en España en el año 1823. También nos acercaremos a la figura de Savonarola, el fraile que tocó las narices a la corrupta Roma en tiempos de la Florencia del Quatroccento o a Tomás Moro, otra figura de la Inquisición inglesa que ha sido manipulada por los historiadores según la conveniencia del momento. César Vidal me ha descubierto figuras desconocidas hasta ahora para mí, como la de Francisco de Enzinas, Pedro de Lerma, Melanchton entre otros personajes que en tiempos de la Reforma y Contrarreforma intentaron humanizar la Iglesia y facilitar el acceso a la Biblia, cuya lectura estaba por entonces prohibida gracias a la que quizás haya sido una de las mayores contradicciones que jamás ha sostenido la Iglesia Católica.
El libro acaba con una sorpresa que fue la que hizo saltar mi reflexión anterior. Tras navegar por las historias de conspiraciones de la Inquisición, los entresijos de la política vaticana, la visita a las inmundas y húmedas cárceles de aquellos tiempos imperiales, me encuentro la última historia en un escenario similar: un preso, profesor de universidad al que detienen no se sabe por qué, malalimentan durante días, obligan a comer sus propios fluidos y tras un indeterminado números de días, quizás semanas, sacan de la mazmorra para torturarle y tomarle confesión de lo que ya sabe. Pasan las jornadas y no es hasta bien avanzado el relato cuando el autor te descubre que la celda pertenece a una cárcel soviética. Hasta ese momento mi imaginación recreaba la historia en cualquier celda europea del XV o del XVI. Te das cuenta de que nada ha cambiado, excepto los personajes y las motivaciones. Quizás ese era el mensaje que César Vidal quería transmitir con su sorpresa.
En muchos lugares del mundo se sigue practicando aún la tortura, al servicio de los poderes políticos o religiosos. Afortunadamente en España la Inquisición ya no existe, de hecho fue disuelta en 1834. Sin embargo, otro tipo de Inquisición sigue vigente: la mediática. Y esa no tortura personas, sino conciencias. La lucha por la libertad continúa en eterna dialéctica…
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Es que la peor dictadura es la de la desinformación.
Eso ya lo sabía Goebbels, entre otros históricos monstruos.
La desinformación provoca miedos, sectarismos, odios…en resumen, falta de libertad.
Lo curioso es que España, por ejemplo, estoy seguro de que es uno de los países más liberales del mundo…sin saberlo !!!!
Todo el mundo pasa de todo, no le importa la vida de los demás; busca su propio beneficio; odia los poderes públicos… pero les han dicho que ser de derechas (o liberal, que para esto es lo mismo) es malísimo (y no está de moda).
Triste, triste…
Muy buen artículo,Mariano.Estoy muy de acuerdo .La lucha por la libertad nunca acaba ,por que siempre existe algún poder que la amenaza.Por otro lado Cesar vidal me parece un gran escritor.Gran historiador indiscutible ,aunque muchas veces no vaya en la dirección de lo políticamente correcto.
¡Alucinada me tienes!, no se qué hago yo en el periodismo con gente como tú, tan analítica, observadora y con una redacción impecable. Y es que esa reflexión me la vengo haciendo yo hace varios libros, como el de la Catedral del Mar o La Mano de Fátima, de Idelfonso Falcones, y otros que hablan de los tiempos de la Inquisición, la expulsión de los moriscos, las guerras de religión, etc y después de varios siglos te das cuenta de que en muchas partes todo sigue igual, seguimos siendo racistas, impidiendo que las diferentes culturas practiquen sus creencias, algo que en España se hacía antes de que nuestros famosos Reyes Católicos se empeñaran en unificar el país a base de guerras y torturas (igualico que hicieron los Romanos, solo que ellos trajeron más cultura). Discutiendo si las chicas pueden llevar velo o no a las clases (mis hijas alucinan cuando en clase les preguntan por ese tema y no entienden porqué puede ser polémico). ¿Por qué?, porque ellos ven normal convivir con estudiantes de otros países o culturas.
No creo que sea cuestión de desinformación, ahora hay más información que nunca, pero creo que también muy manipulada y dirigida (lo digo por experiencia), sino de ignorancia, la gente no lee, piensan (o pensamos) en sacarnos un título académico que nos permita ganar mucha pasta, y actuamos como borregos siguiendo las pautas que nos quieran imponer nuestros jefes, políticos o eclesiásticos sin poder decir ni mú, no vaya a ser que me echen del curro.
Enhorabuena por esta nueva reflexión
Permíteme que yo ,personalmente tenga mis dudas de si se defiende mejor la libertad permitiendo el pañuelo en las escuelas o prohibiendolo.Yo tengo mis dudas,tu ,veo que lo tienes muy claro.
Yo creo que se debe favorecer la convivencia y respetar las demás culturas si queremos que nos respeten, no puedes zanjar de un plumazo unas ideas religiosas o políticas porque al final se vuelven en tu contra, como está ocurriendo con la comunidad islámica. Mediante la formación e información son las mujeres las que deben decidir si llevan el pañuelo por convicción o por sumisión. En España las mujeres no llevamos pañuelo pero son peores los yugos ocultos y que nos mantienen sometidas.
Yo sólo soy intolerante con la intolerancia.Me imagino que ya sabes que el pañuelo es un símbolo de la sumisión de la mujer al hombre en el islam,también me imagino que sabes que es un símbolo de la inferioridad jurídica de la mujer con respecto al hombre y me imagino que ya sabes que las mujeres están obligadas a cubrirse la cabeza aunque estemos a 40 grados a la sombra y el marido vaya con bermudas.Todo esto creo que es contrario a nuestra constitución y a cualquier constitución democrática,por tanto pienso que por lo menos en los centros educativos esto debería estar regulado ,tal como pasa en paises tan ,o más democráticos que nosotros.¿Tu crees que en España o en occidente las mujeres teneis algún yugo tan grande como este?
La Inquisicion sigue exisitiendo, aunque ahora venga de diferentes formas, mirad por ejemplo la que le liaron a los cientificos que dudaban del cambio climatico, fueron sometidos al ostracismo por parte de las revistas cientificas oficiales como Nature… cualquier intento de debate serio era rechazado, y se ridiculizaba a los excepticos que disentian de la linea oficial.
Como dijo aquel, “el que se mueve, no sale en la foto”.
Compré este libro porque lo habían puesto de saldo a 5 euros, y debido a la conocida profesión protestante del autor, tenía interés en conocer el enfoque que le daba. Mis temores se confirmaron: Todo se centraba en la Inquisión católica, ni una sola palabra de la Inquisición protestante, muchísimo más sangrienta que la católica. Esto mezclado, sobre todo en el caso de Tomás Moro, con unas narraciones no fundamentadas con el suficiente rigor histórico, en claro conflicto con lo aportado por historiadores contrastados, me decepcionó bastante. En resumen, un churro impropio del autor.
Gracias Lewis por compartir tu experiencia!