La involución del conocimiento humano
Ha llovido mucho desde los tiempos de la Grecia clásica, donde Sócrates educaba a sus discípulos en el arte de la retórica. En aquellos tiempos, lo importante eran las preguntas que los alumnos se hacían más que las posibles respuestas. Cuestionarse la divinidad de los dioses, el sentido de la vida, la realidad que nos rodea, la composición de la materia, el orden natural, etc.
El arte de la retórica se extendió durante los siglos venideros logrando quizás su apogeo en tiempos de Al Andalus, cuando la retórica se mezclaba con la poesía, la filosofía, la astronomía o la medicina sin importar el credo de los participantes. En este punto, las preguntas seguían siendo importantes, pero lo era más el modo de construir el razonamiento, la argumentación. Mi reflexión de hoy trata sobre la evolución de esa parte del pensamiento humano en la era moderna, especialmente tras descubrir lo difícil que es exponer un argumento y recibir respuestas razonadas a él, en lugar de ataques a la persona que lo expone.
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Nos empeñamos en demostrar científicamente lo que es aceptable y lo que no, en una frenética carrera por ser políticamente correcto |
Creo firmemente que hoy día la ciencia es la madre diosa del pensamiento humano y si algo no se puede demostrar científicamente está condenado a ser rechazado por la comunidad, sin más. Así, la sociedad moderna ha construido un sistema de conocimiento, y por tanto de valores, basado en lo establecido científicamente, donde sólo lo que puedas argumentar científicamente es válido, con muy poca flexibilidad para dar cabida a ideas que se salgan de lo establecido. Por ejemplo, dos y dos son cuatro y eso es incuestionable en el área de las matemáticas que es una ciencia exacta. Pero ¿qué pasa con las ciencias no exactas? Nos empeñamos en demostrar científicamente cuándo una persona empieza a ser persona, por ejemplo, o que un homosexual lo es o no en base a criterios científicos... Nos empeñamos en demostrar científicamente lo que es aceptable y lo que no, en una frenética carrera por ser políticamente correcto.
Hace muchos siglos, no valían argumentaciones fuera del marco religioso hasta el punto de que grandes científicos, como Copérnico o Galileo, vieron bloqueadas sus investigaciones por temor a la iglesia, pero sobre todo a sus propios conciudadanos. La evolución del conocimiento humano se vio truncada por una barrera. Hoy día creo que tenemos la misma barrera, en este caso la científica con el agravante de que tiene el apoyo de ese fenómeno moderno y amplificador que son los medios de comunicación de masas.
El ser humano apenas sabe preguntarse por las cosas: ya le dicen lo que tiene que preguntarse y cómo. El debate debe realizarse según unas reglas preestablecidas; de lo contrario, el argumento es rápidamente descartado por la propia sociedad, quien no se preguntará por lo que se dice, sino que cuestionará el quien lo dice.
¿Acaso no es esta una forma de involución en vez de evolución?





Algunos grupos quieren utilizar la ciencia para sus propios programas. Pero eso no es nuevo, los totalitarismos de los 30 ya lo hacian asi.
El descuido de nuestra sociedad moderna es que no nos damos cuenta que la ciencia es un apoyo incauto para definir el rumbo de nuestra humanidad…
Estas al clavo, Mariano, en describir que nuestra evolución se ha cruzado con un apogeo allá por la etapa de la Edad Media (Y que curioso de así le llamamos, Edad Media. ¿Andamos entonces por las Edades Finales?). ¡Porque ahora, en ves de reprimir argumentaciones filosóficas por lo que no se sabe, nos toca vivir la cruz de la moneda y reprimir por lo mucho que se sabe!
Pero al grano de este tema- el problema con nosotros como humanos es el balance. Nos tocó por mucho tiempo el evolucionar y descubrir las contestas a muchas perplejas de nuestro mundo, fuesen los obstáculos que nos imponía el miedo a lo desconocido. Y nuestros antepasados se aferraban a no salir de ese cuadro, a lo mejor por sentirse cómodo y seguro. ¡Ahora la ciencia, en intercambio, nos aporta ese mismo sentido de seguridad en nuestras vidas, ya al “otro lado de la charca”! : )
¿Pero venga- y los otros misterios de la vida? Que hay muchas cosas que todavía nos afectan y quedan por estudiar y preguntar. ¿No os rendimos a esto por creer tener en la ciencia todas nuestras respuestas?
Estas semanas pasadas da la casualidad me ha dado el gusanillo de leer sobre la civilización Maya antepasada. Que ingenuos esos con sus calendarios y astronomía! Tal que ahora me da molestias sobre entender de su significado coincidiendo con nuestra vida. De lo único que le he dado provecho reciente es que, aunque con muchas costumbres raras que hoy día consideramos primitivas, a lo mejor tenían algo en cuenta con ese concepto de balance al que me refiero. Yo apostaría que no necesariamente llamándolo un apogeo, pero que el curso de nuestra humanidad pueda trocar si aprendemos un poco mas de esos secretos que nos ayuden a definirnos en balance.
Buen punto de vista, Polo-Go. Es precisamente a ese “corsé” que la propia ciencia nos impone el que despreciemos vías de investigación, especialmente en el campo de la filosofía o las humanidades en general. Sobre todo porque es en estos campos donde “lo políticamente correcto” hace acto de presencia con más frecuencia.
Por ejemplo, si decido investigar sobre el apareamiento de la lechuza no hay límites. Por el contrario, si decido investigar sobre células-madre puedo entrar en conflicto con las normas morales. Igualmente si decido investigar sobre las similitudes entre el DNA de un gorila y el de un ser humano de una raza en particular, se me puede tachar de racista y de “políticamente incorrecto”.
Creo que el ser humano ha progresado más cuando ha sido capaz de liberarse de las presiones a las que su creatividad ha sido sometida. Un ejemplo es el proceso de revolución industrial del siglo XVIII, que vino gracias a la liberación que supuso el nuevo pensamiento racionalista, donde lo práctico, lo humano se valoraba más que lo divino. Ello permitió la investigación empírica y el método científico con consecuencias revolucionarias a todos los niveles.
Hoy día tenemos multitud de medios para desarrollar nuestra creatividad, pero a la vez tenemos obstáculos que impiden ese desarrollo, como una sociedad fácilmente dirigida por los media que echa las manos a la cabeza cuando se habla de algo políticamente incorrecto. Se utiliza el miedo como arma para atemorizar a la población sobre este o aquel avance con objetivos no siempre claros.
Pero interesante también Mariano, ese “miedo” al que te refieres -que se nos abastece en todos los modos mediáticos- tiene otras fuentes del que se alimenta a este estado de “polítical correctness”: por uno, la comunidad científica misma!
Ellos, me imagino, se auto-establecen sus limites propios por el ambiente que les rodea- depender en subvenciones del gobierno, las políticas internas del establecimiento, etc. Este punto se puede apreciar en del tema envuelto de la película “Contact” (con Jodi Foster, basado en el libro de Carl Sagan). En el, dos cosas me atrajeron de la peli (y el libro): 1) Esta escena en la cual John Hurt (en el papel del empresario libre) le explica al carácter de Jodi Foster que tiene que ampliar su perspectiva científica para ver los sucesos que ocurren en la película con un ojo mas creativo al del ser humano:
y 2) -lo mas interesante- al final, el carácter de la Jodi hace/no hace “contacto” extraterrestre, cual esta experiencia le cambia su rígida perspectiva científica a una creativa, envuelta con mas filosofía sobre la humanidad y lo que somos.
Es difícil superarse mentalmente hoy día con este punto de vista porque la ciencia se ve tan concreta y segura en nuestros manos. Tampoco hay valientes por acá (“Mavericks”, Ha,ha, cuanto he oído esa!) que se atrevan a desafiar los limites de nuestro conocimiento corriente, y enseñarnos otra manera de pensar.