La lotería de estar vivo
Mi artículo de hoy es una reflexión sobre el poco cuidado que a veces tenemos los profesionales cuando hacemos nuestro trabajo. Leo en el diario El Mundo la noticia de un anciano que ha muerto del modo más ridículo por no haber sido atendido convenientemente en el hospital.
Resulta que este señor estaba sentado en el taburete del bar cuando de repente cae de espalda al suelo. Tras notar ciertas molestias en la espalda decide ir a urgencias donde le dan un antiinflamatorio. Vuelve a casa con amigo, quien al ver que el hombre no mejoraba llama a una ambulancia para llevarlo al hospital, quienes se negaron al conocer el parte que le habían dignosticado en urgencias. Finalmente, gracias a una asistente social que ve que el abuelo no puede casi ni hablar y se hace sus necesidades encima, consiguen que le reciba otro hospital donde nuevamente le mandan calmantes y pañales y tras pasar la noche allí le mandan de vuelta a casa.
Dos días después, el abuelo casi no habla y ni se puede mover. El amigo vuelve a insistir a la ambulancia quien al ver su estado, decide llevárselo de nuevo a urgencias. Allí le diagnostican una lesión medular y lo envían rápidamente al Vall d’Hebron, donde confirman que tiene fractura de la médula espinal y le dan unos días de vida. El abuelo murió a los 6 días.
¿Se realizará una investigación? – Sí, claro, y pondremos todos los medios disponibles para que no vuelva a suceder.
¿Noticia en portada? – No
¿Responsables? – Ninguno
¿Tiempo que tardaremos en olvidar a este abuelo? – ¿Qué abuelo?
Pagar impuestos durante toda tu puñetera vida es un obligación. Recibir un servicio profesional, una lotería.








