Los grandes se tambalean en esta crisis: Microsoft también
Todo parecía tranquilo en Redmond. Microsoft, el gigante del software, vigilaba atentamente los movimientos de la competencia y tomaba sus sabias decisiones en un ambiente de tensa calma. Parecía como si la crisis no fuera con él, aunque el gigante siempre duerme con un ojo abierto.
Evolución de las acciones de Microsoft. Fuente: msn money
Las cartas parecían controladas: la Xbox iba a ser de nuevo la estrella de estas navidades, la puesta en marcha del software online, Silverlight haciéndose su hueco en todos los navegadores, el anuncio de una nueva versión de Windows, etc.
Sin embargo, justo un mes después de que Frank Brod, Tesorero Jefe de Microsoft, anunciaba un recorte de gastos entre 400 y 500 millones de dólares para evitar despidos en la compañía, se produce una histórica bajada de las acciones de Microsoft. Hoy martes han cerrado en Wall Street en valores ($18,29) que no se conocían desde hace 10 años, probablemente cuando muchos de sus usuarios todavía estaban aprendiendo a leer.
¿Estamos ante la primera gran crisis de Microsoft?
Los trabajadores de Microsoft siempre se han considerado privilegiados por los enormes benefits que sus contratos contemplaban (descuentos en supermercados o servicios, entre otras ventajas laborales). Incluso parte de los incentivos anuales se entregaban en forma de acciones. Este modus operandi permitía a la compañía por una parte asegurar el control de un buen porcentaje de la titularidad de las acciones y por otra fidelizar al trabajador, que veía en las mismas un ahorro a medio-largo plazo.
Sin embargo, ahora que las acciones han caído a los niveles de hace 10 años, no sólo no están ganando dinero con las mismas, sino que lo están perdiendo por el efecto de la inflación. Esto quiere decir que la fidelización puede dejar de ser rentable, y más tras contemplar hace pocas semanas, cómo el otro gigante vecino, Boeing, superaba más mal que bien una huelga de sus empleados.
Con la competencia pisándole los talones y ganas de nuevas y rentables ideas, no sería de extrañar una paulatina, pero constante fuga de cerebros hacia compañías más dinámicas y con ganas de afrontar más riesgos.






