Parada y fonda en el hostal de Navalafuente
Cuando volví de mi viaje a Madrid en noviembre pasado hice un par de reseñas acerca del viaje, y en una de ellas hago una breve mención a un restaurante: el Hostal de Navalafuente. Quiero compartir con vosotros este pequeño secreto que seguro muchos estómagos agradecerán.
Navalafuente es uno de esos pequeñísimos pueblos con grandísimo encanto de la Sierra Norte de Madrid. Yace rodeado de ese paisaje granítico que caracteriza a la zona, plagado de robledales y fresnos, donde conviven la magia y la sana tranquilidad del campo. Allí, recalaron hace años Enrique y Marisa, huyendo de la ajetreada Madrid y de la rutina de una relojería. Compraron este hostal-restaurante y lo llenaron de vida.
La verdad es que hay que ir expresamente allí, ya que no es un lugar de paso, por eso el trabajo de correr la voz es importante (pero no mucho, que luego hay que hacer demasiada cola para comer). Subes la carretera de Burgos, y cuando llegues a la altura de Guadalix de la Sierra, te sales. Sigues las indicaciones hacia Guadalix y enseguida verás el camino a Navalafuente. Una vez llegues al pueblo, no corras mucho que te sales de él; aparca a la entrada junto al parque y busca en la calle principal un local de estrecha fachada que suele tener en su puerta la típica pizarra grande con el menú del día. Has llegado.
El bar no es muy grande, pero conduce a las diferentes plantas con varias decenas de mesas. A unos les gusta el patio cubierto, rodeado de paredes completamente llenas de fotografías de sus clientes y donde hacen música en vivo; a otros, como a mí, nos gusta el ambiente rústico junto a la chimenea.
Déjate guiar y aconsejar por Enrique; no te va a defraudar. Nos contó la anécdota que una vez llamaron unos clientes para reservar cordero para el fin de semana con tan mala suerte que sus cálculos fallaron y cuando llegaron los clientes no había cordero disponible. Ante semejante despropósito, Enrique les propuso hacerles un arroz con bogavante para compensarles. Los clientes aceptaron y desde entonces ¡no piden otra cosa que no sea el bogavante! Además, cada vez que llegan le recriminan al dueño que para qué pregunta lo que quieren comer si luego les va a poner lo que quiere :-DDD Desde entonces, uno de los mejores arroces con bogavante de la sierra se come aquí.
Desde la chimenea vigila la sala un vieja olla ferroviaria, hecha artesanalmente por antiguos trabajadores ferroviarios cántabros que trabajaban en la línea Bilbao-La Robla, allá por finales del XIX y que utilizaban el invento para hacerse sus buenos cocidos y no morir de frío. En la imagen de abajo, la olla está dentro de ese horno que por su base recibe la leña para calentarse. Un horno portátil, cómodo, barato y ¡ecológico! Los principales ingredientes que no deben faltar son: paciencia (esto se hace a base de chup chup) y prudencia. Hay muchas recetas, pero la que le hemos robado al Hostal de Navalafuente es esta:
Cocido montañés en olla ferroviaria
Ingredientes básicos:
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Judías blancas de las pequeñitas puestas en agua la noche anterior.
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Una oreja de cerdo, o mano, morro, etc.
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Un hueso de rodilla.
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Un choricillo y una morcilla de las asturianas que están ahumadillas y dan mejor sabor.
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Un trozo de panceta entreverada
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De carne, morcillo o un codillo o de falda de ternera.
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Una punta de jamón.
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Una berza.
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Nabo fino.
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Patatas.
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Aceite de oliva.
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Pimentón dulce.
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Un plato de porcelana.
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Tiempo (varias horas de chup chup).
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Hambre (esto no hace falta para iniciar el procedimiento, ya que con las horas es autogenerable).
Procedimiento (los niños no deben intentar hacer esto en casa sin la supervisión de uno o varios adultos):
Ponemos en la olla las judías blancas que están desde la noche anterior en remojo. Echamos junto con las judías todos los ingredientes descritos arribas, sin piedad. Cubrimos todo el material con agua, lo ponemos a cocer y tapamos. Ponemos encima de la tapa un platito de porcelana con agua por si se resecan las judías y reponer con agua calentita.
…chup chup chup chup… (3 horas)
Probar y servir. Fácil, ¿no?
En el improbable caso de que te quedaras con hambre, puedes tener preparado un típico arroz con leche, leche frita o un orujo de Liébana para bajarlo todo hasta la cena…
Nota: existen económicas habitaciones para pasar el fin de semana, así que lo mejor es reservar para el sábado, bajar el cocido por los maravillosos caminos que rodean el pueblo y dormir allí. Así no hay que preocuparse ni de controles de la Guardia Civil, ni nada de nada. Probadlo y después podréis decirme: Joer, Mariano, ¡tú sí que sabes! ;-)
(Fotografías y asistencia gastronómica: Angeles)
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Muy bueno, si señor! este era el regalito de mi cumple? No se si hoy nos iremos a celebrarlo alli y te daré un pelín de envidieja…jajaja
Gracias en nombre de Marisa y Enrique y por darles lo que se merecen.
Desde aquí, vamos a tener que adelgazar unos cuantos kilos para que el pobre Enrique nos de la prometida vuelta a sus lomitos!jajaja
Hay que visitar Navalafuente, sí o sí….gracias por este descubrimiento, tiene una pinta fantástica…
Un saludo.
Conozco este lugar y puedo decir que es de los mejores hostales en Madrid.
Me trataron muy bien y la verdad es que se lo recomiendo a cualquiera.