Respetando a los discapacitados, pero de verdad
Una de las aspectos que más me gustan de este país es el cuidado y el respeto que, en general, tienen por los discapacitados. No se trata de que en un establecimiento te pongan un cartel de que es accesible para minusválidos y luego resulta que sí, que tienen una rampa para minusválidos pero luego o no llegan a los botones del ascensor, o en los ascensores no cabe la silla de ruedas, o a la caja registradora no hay quien llegue o cien mil pequeños detalles. Las líneas aéreas prestan, de verdad, asistencia a los discapacitados con lugares preferentes. Igual pasa en los cines, los teatros, los transportes públicos y privados, etc. Por eso no es de extrañar, y confieso que a mi me extrañó nada más instalarme aquí, ver a tanta gente por la calle con el andador, con la silla eléctrica o abuelos tirando de una carretilla con la botella de oxígeno en una estampa difícil de digerir en España si no es porque estás en un hospital.
Hace tiempo escribí para el difunto periódico soitu un artículo sobre la movilidad urbana en esta zona del país (Historias de un peatón en Seattle). Así que tampoco me voy a extender mucho con lo mismo. Pero sí quería compartir una foto que responde a una calle cualquiera de un barrio cualquiera y que tomé hace unos meses. En esta zona residencial se advierte a los conductores de que en la zona hay niños sordos, por lo que deben extremar las precauciones y tener en cuenta que un bocinazo puede no servir de nada.
También me he encontrado con carteles avisando de la presencia de personas mayores lo cual implica tener paciencia cuando cruzan los pasos de peatones y dejarles tiempo para cruzar toda la calle e incluso pararse antes de que se atrevan a cruzar, ya que las personas mayores son muy indecisas y la impresión que nos dan a los conductores es que están viéndonos pasar cuando en realidad están esperando a ver si alguien para.
Es cierto que no todo el mundo respeta esta señales que son más de civismo que de ordenación del tráfico. Pero también es cierto que el respeto a estas señales viene determinado mucho por los antecedentes vitales (background) del conductor protagonista. Tengo una teoría al respecto, pero como no es políticamente correcta para publicarla, me la reservaré para mi circuito íntimo :-)








Pues aquí se los pasan por el forro, literalmente. En mi complejo viven muchísimos discapacitados, pero solamente pueden acceder a sus viviendas gracias al incansable trabajo de los muchos voluntarios de asociaciones que se encargan de sacarlos y meterlos cuando hace falta. Solamente en mi piso hay 4 discapacitados, y ni una triste rampa en ninguno de los 3 bloques del complejo. Los ascensores tampoco tienen relieve en los botones para ciegos. El apeadero de tren del pueblo tiene un ascensor que funciona los días de sol (pero no ha habido ninguno desde septiembre de 2010), pero para llegar a él hay obstáculos, así que incluso aunque funcione lo tienes crudo. Entrar en el tren por ti mismo o comprar el billete, ni lo sueñes, porque las máquinas no están preparadas para ningún tipo de discapacitado (demasiado altas para silla de ruedas, sin relieve en las teclas para invidentes, sin altavoz para sordos) y no hay vendedor en ventanilla. Las señales de discapacitados en la carretera, que las hay por todas partes y bien visibles, se las pasan por el mismo sitio que se pasan el resto de las señales. Aquí lo único que se respeta es lo de no adelantar a los autobuses escolares, pero no por respeto, sino porque las carreteras son tan estrechas que literalmente no puedes adelantarlos.
En comparación con Inglaterra, en definitiva, las personas con discapacidades físicas y del desarrollo y las personas con movilidad o percepción reducidas, como puedan ser ancianos o niños, están aquí bastante desamparadas.
Cambiaremos el título de “vivir en este país” por el de “vivir en este estado de Washington”, así no volveré a generalizar erróneamente.
Yo es que cada día creo más que este tipo de cosas solamente pasa por aquí, de verdad. Me da la sensación de que los neoyorquinos y asimilados son de las personas más egoístas y menos respetuosas con el prójimo de todo el país.
Bueno, se que este artículo es ya viejo para os que rondais a menudo pero es que voy un pelín lenta con esto de mis exámenes y demás, a si que hoy, dejo mi comentario, que más vale tarde que nunca!
Ale, pues en mis carnes vivo los tejemanejes de las historias de como desenvolverse en un territorio minado de cosas que hacen insufrible el vivir el día a día de una persona con movilidad reducida ( mi propia hermana, desde hace 48 añitos ya!) y no podríais ni imaginaros lo que es eso…ni imaginarlo, digo!A si que cuando recibí el artículo de Mariano, me sorprendió tanto que tenía que leerlo..y responderlo. Pues ya se adelantó Mortizia! No hay cultura que esté preparada para esto…no, no la hay, y el que haya estado en algún sitio donde se preparen y respeten a las personas discapacitadas, de verdad, que lo diga ahora o calle para siempre, pero no él, sino él con una persona discapacitada 24 horas al día y durante bastantes días que haya podido compartir, el ir a estudiar, el ir a trabajar,ir de vacaciones, el ir de copas con los amigos, el ir de visita a casa de su prima…vamos vivir, o al menos, intentarlo. Y ahora, mejor, ya no sigo! besos axuxaos!