Seattle se rinde ante el flamenco de Casa Patas
El pasado sábado asistí al espectáculo que Casa Patas ofreció en el Benaroya Hall de Seattle y cuyo anuncio realizamos aquí hace unas semanas.
Cuando uno reserva una entrada, uno espera asistir a uno de esos espectáculos flamencos preparados para una audiencia americana que no sabe diferenciar entre un baile flamenco y un mariachi. Bueno, sí, un baile flamenco debe ser como un mariachi pero vestido de torero o algo así…
Es cierto que el espectáculo estaba algo “tuneado”, ya que además del tradicional cante jondo de la mano ( o de la voz, mejor dicho) de David Vázquez y un par de guitarras (Jesús Núñez y David Durán), tuvimos el nuevo flamenco al estilo Nina Pastori o Alejandro Sanz de la mano de Juan Debel acompañado bien por las notas de una flauta o las de un saxofón de la boca de Diego Villegas (Dieguito para el público). Incluso una armónica y unas maracas pidieron paso en el escenario. Un guiño al gusto local, aunque no creo que hiciera mucha falta, ya que a los “locales” se les caía la baba cuando Raquel Villegas se retorcía ofreciendo unas preciosas estampas flamencas en cada nota que interpretaba. Fue suficiente la seducción de su baile, el movimiento seguro y sensual de sus brazos en continua búsqueda de la figura masculina, el cual mostraba toda la fuerza y poderío de manos del bailaor más macho e hispano del mundo (o al menos de tó Seattle), José Barrios.
Faltaron las cajas flamencas, pero nos deleitaron con coplas, alegrías y soleás. Y mucho arte. Cada vez que terminaba una frenética sesión de zapateado y el bailaor paraba en seco dejando al sudor seguir la inercia del movimiento, el público estallaba en aplausos como si fuera el mismo Michael Jackson en pleno “Beat it!”. Pero todo con orden y concierto, que esto es el Benaroya Hall, no cualquier Dome para rockeros y raperos. Que una vez comienzan las siguientes notas, allí no se oye un susurro hasta la siguiente hornada de aplausos.
Pero es que aquí estábamos unos cuantos españoles. Y es que cuando no se pué aguantá, no se pué aguantá tanto arte quillo. Conforme el espectáculo avanzaba allí los pies no nos paraban y las manos empezaban a palmear primero sobre las piernas y después entre sí hasta que al final del concierto los nativos nos miraban con una mezcla de curiosidad, desprecio y envidia. Al acabar el espectáculo y los saludos de rigor de los artistas a la concurrencia, aquello empezó a venirse abajo al grito de “otra, otra, otra!!!” con la cara de estupefacción de cantaores, bailaores y nativos que no entendían nada. Los primeros no entendían que los americanos fueran tan atrevidos, pues les habían contado otra cosa y los segundos no entendían qué estábamos pidiendo los que gritábamos, hasta que les íbamos diciendo “another one, another one, another one”. Una me contestó, “oh, cool!”.
Ante el inesperado requerimiento de la supuestamente seria audiencia seattlelita, los cantaores se pasearon al ritmo del gitaneo por el escenario y ofrecieron algunos bailecillos y cantes improvisados que hicieron las delicias de la toda concurrencia. Sin embargo, eso de “outra, outra, outra” ya no sonaba del mismo modo. Tendrán que seguir practicando estos chicos si quieren conseguir más actuaciones por el mismo precio :-D
Felicidades para todos los artistas y muchas gracias por traernos un trocito de España que nos supo a gloria.







Vale Mariano, pide a cualquier ciudadano español medio que distinga mas de dos palos del flamenco… que no todos somos andaluces… yo de flamenco, ni idea, no se distinguir el baile del pajaro. :(
Aunque claro, lo mio tambien viene de la epoca en que en todas las plazas de extrarradio siempre habia cuatro guichos con el cassete de Camaron…
A mi me encanta la guitarra clasica, tipo Paco de Lucia, pero el cante, no mucho.