y Méjico en una laguna…
El Palacio Nacional de Méjico yace sobre las ruinas del palacio que Hernán Cortés mandó construir sobre lo que fue a su vez el Palacio de Moctezuma. Y semejante enclave se encuentra aún día en el mismísimo centro de la capital azteca: la plaza del Zócalo. El Palacio Nacional es uno de los pocos “monumentos” de Méjico donde no te piden unos pesos para poder visitarlo. Bien es cierto que si pidieran dinero, encima lo consideraría un atraco.
El edificio alberga uno de los murales más conocidos del conocido muralista y marxista Diego Rivera. El tal Diego Rivera, ensalzado por críticos de arte y sobre todo si estos son mejicanos, se dedicaba a plasmar su peculiar visión de la historia y la realidad en paredes con especial predilección de las paredes de edificios públicos. Este amor que los artistas de la izquierda tienen por el dinero público es, al parecer, una lacra universal y este se prodigó bien.
Semejante parcialidad de la visión histórica se extiende como un virus por todo el edificio, y por ende, a toda la sociedad institucional mejicana. El modelo de lavado cerebral que existe en Méjico para la creación de la conciencia nacional y orgullo patrio, de la raza que llaman, es el de la negación de la realidad histórica. Goebbels y, si me apuran, hasta el mismo Rubalcaba o las ikastolas son unos aprendices al lado de estos manipuladores de la historia. Uno de los ejemplos más graciosos es el del pasillo del Palacio conocido como la “Galería de los Presidentes” donde encontramos los retratos de los presidentes Mexicanos: desde Nezahualcóyotl (1402-1472), pasando por Cuauhtémoc (1521), y ya el siguiente es Guadalupe Victoria (1786-1843) hasta el actual. Cojonudo. ¿Y desde 1521 hasta 1786 qué pasó? ¿Nada? Oh sí, la invasión española. La borramos, no ha existido, no tiene nada que ver con Méjico ni los mejicanos. Aquellos que durante más de doscientos años anduvieron por allí se borran de la memoria no vaya que contaminen la pura raza azteca.
Pero entonces, digo yo que de esos más de doscientos años que transcurrieron entre las canalladas de Hernán Cortés y las canalladas de los libertadores de la patria y sus insurgentes, habrá que borrar también algo más que los retratos de unos mandatarios extranjeros. Se me ocurre por ejemplo, borrar el idioma español y dejar Méjico con las 65 lenguas indígenas. O cargarse a la Virgen de Guadalupe y sus buenos dividendos, y volver a adorar al Tepeyac.
En fin, no hay como crear conciencia de clase, o raza, para tener al pueblo contento y orgulloso de su mejicanidad. Así nadie protestará mientras unos van en limosina rodeados de matones armados hasta los dientes y otros trabajan de sol a sol por menos de 3 dólares al día. Y todo el mundo contento y feliz, luciendo orgullosos en sus balcones unas desgastadas banderas tricolor que representan el orgullo nacional otrora mancillado por las hordas conquistadoras.







Estupendo análisis, objetivo y diáfano.
Saludos.
pues no creo que todos los mexicanos esten contentos con los 3 dolares que ganan pero a pesar de eso sienten un orgullo de ser mexicanos….. y mas de uno estoy segura que odia al que esta ondeando la bandera.
lamentablemente en Mexico falta mucho en cultura y muchas situaciones lo que si es que nunca se dan por vencido y buscan salir adelante a pesar de todas las trabas que pongan….
y pues la historia de Mexico tiene que ver con los españoles pero bueno el que sabe la historia pues sabe y no es algo que yo sepa mucho asi que no tengo mucho que opinar jejeje
Estuve de niña viviendo en México y algo de historia estudie… ellos nos rechazan porque es ahora Estados Unidos de Norte América quien domina el mundo y no España. Les encantaría ser un estado más como Puerto Rico y dominar el mundo, por eso oficialmente se llaman Estados Unidos Mexicanos.
Hubo una vez que en una clase de historia de México salí llorando,era una niña y no entendía nada. No te puedes imaginar como explicaban lo que habían hecho los españoles (los gachupines),sólo recuerdo que entre lágrimas les decía que mis abuelos y mis padres no habían hecho nada… mis padres se indignaron cuando les conté lo que había sucedido. En todas las invasiones y guerras hay masacres y barbaridades. Además nosotros trajimos enfermedades, les obligamos a tener una religión, les humillamos… pero creo que les dejamos otras que merecen la pena como es un idioma. Lo que nunca he podido entender es con que odio transmitían esas clases de historia.
De todas formas, yo no recuerdo si en nuestras clases de historia nos enseñaron cuales fueron nuestros Reyes Taifas… y creo que son parte también de nuestra historia.